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lunes, 3 de diciembre de 2012

EL APRENDIZ DE BRUJO


Víctor Maldonado C.  el Nov 30th, 2012
victormaldonadoc@gmail.com
@vjmc

La economía no es una de las virtudes de Chávez. Allí está el talón de Aquiles de su régimen, precisamente en esa obsesión destruccionista de todo aquello que le huela a propiedad privada de los medios de producción y de cualquiera de los principios por los que se debe regir una empresa. Lo de él es la alquimia de un experimento tras otro, desde los antiquísimos fundos zamoranos hasta las más nóveles empresas mixtas de producción social. Ni una de esas experiencias ha escapado al fragor de la ruina más conspicua.

Ninguna ha dejado de ser parte de ese malestar que corroe las entrañas del líder al verse impedido de recorrer el país productivo y socialista sin que el chaparrón de malas noticias, reclamos y malas caras le perturben ese país de comiquita que solo existe en su mente y en la capacidad de adulación de sus ministros, especie de corte de eunucos que se saben involucrados y más que comprometidos en este desastre denominado socialismo del siglo XXI.

El ojo de Chávez alucina. Allí donde posa su mirada no hay virtud sino incapacidad. Su alto gobierno para la economía es un manojo de excusas y evasiones que no pueden explicar cuándo y cómo van a aterrizar todas las maravillas prometidas y por qué el camino es tan tortuoso como el régimen cambiario y la corrupción en las aduanas. El ojo de Chávez es su peor enemigo porque se niega a ver la calamidad y se presta con demasiada facilidad a apreciar como buena una realidad que resulta inmensamente frustrante para el resto. Él lo sabe, por eso ahora prefiere no ver ni estar. Por eso le resulta tan cómodas sus propias ausencias.

Lo peor de todo es que la impericia económica del chavismo se quiere compensar con la imposición forzada de un modelo -el modelo comunal- que es presentado como la panacea de todo lo que hasta ahora ha ocurrido. ¿Hay inflación? No te preocupes, las comunas vienen a resolverlo, para eso ellas pueden manejar sus propias monedas. ¿Hay escasez? Tranquilo, las comunas están por aparecer, y cuando ellas organicen su propio modelo socio-productivo toda carestía será superada por el inmenso compromiso participativo y protagónico de los nuevos venezolanos. Cuando uno oye ese tipo de explicaciones políticas no deja de sentir algo de suspicacia ¿No será más bien que toda esa falta de probidad económica quiere encubrirse en una nueva “corrida de arruga” llamada Poder Comunal? 

Hay de todo. Hay necesidad de excusas, pero también ceguera ideológica. Lo cierto es que la exposición de motivos de la Ley de Comunas afirma que “el poder comunal estará dirigido a lograr la independencia alimentaria y la diversificación económica…” Así, de un sablazo, las comunas son presentadas como la superación del chavismo histórico. Pero como ya estamos acostumbrados, al régimen le resulta muy fácil prometer y le es casi imposible cumplir.

Pero la trampa está precisamente allí: Que estas nuevas entidades locales, patrocinadas y férreamente controladas por el  Ministerio del Poder Popular de las Comunas, son las que vienen a resolver los entuertos de catorce años de socialismo progresivo, pero no mediante una corrección del rumbo sino a través de una profundización del proceso. Que como el comunismo ha fallado, pues el remedio es más comunismo. Porque de eso se trata. De hacer irreversible todo este error, de “quemar los barcos”, acabar con la empresa privada, dinamitar gobernaciones y alcaldías, y dejarnos como Gómez nos encontró: Monoproductores y dependientes de ese gendarme cruel y corrupto que ahora se llama Chávez, pero que antes ha tenido otros nombres. 

Chávez ha estado demasiado tiempo entre nosotros como para obviar que lo conocemos perfectamente. Él, que piensa como comunista y actúa como leninista, no va a descansar hasta que este país se convierta en el país de las comunas comunistas, a imagen y semejanza de su amada Cuba. Por eso estas leyes las presentan como la entidad local socialista por excelencia, donde los ciudadanos ejercerán ese poder popular que supuestamente construye realidades pero que en realmente las destruye. Cuba es una ruina, la tumba donde los cubanos sufren y esperan que pase algo alguna vez. Las comunas son las palas que cavan esas fosas donde se entierran las libertades y los derechos de los ciudadanos, que son cambiados por ese desorden tumultuario especializado en lamer la mano que ofrece migajas y explota resentimientos.

Todo lo demás, incluyendo nosotros, le estorbamos a este remolino concentrador y centralista. La pregunta es si nos vamos a dejar. La respuesta está en el voto ciudadano y en no dejar de pensar ´que no hay como narrar una República perdida por la indiferencia de sus ciudadanos más esclarecidos.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

MARX, CHÁVEZ Y EL ESTADO


José Rafael López Padrino 25 de noviembre de 2012

La estadolatría como expresión de dominación eterna ha estado presente en los regímenes imperantes en la Alemania nazi de Hitler, en la Italia fascista de Mussolini, así como en los Estatismos burocráticos y despóticos que tanto han desnaturalizado y desacreditado al socialismo como proyecto liberador y humanista. El socialfascismo bolivariano del siglo XXI constituye una versión tropical de esa estadolatría adúltera, la cual promueve una veneración supersticiosa y fanática de un Estado opresor y omnipotente que al esta servicio del comandante-presidente.

Animado por su gula estatólatra y por su precariedad teórico-ideológica el socialfascismo bolivariano ahora impulsa el “Estado Comunal”, como forma de democracia socialista. Estado Comunal, que per se, constituye una contradicción a la luz de las ideas originarias del viejo Marx, quien siempre se opuso fuertemente a cualquier forma de estadolatría. Resulta un contrasentido hablar de un “socialismo” que promueve la sacralización de la figura Estado, figura la cual Marx siempre aborreció por considerarlo como un aparato coercitivo y opresor. Marx en su respuesta a la “Filosofía de la Miseria” del señor Proudhon (1847), indicó claramente que con la implantación del socialismo revolucionario, se liquidaría el fetichismo estatizante y el viejo Estado sería reemplazado por uno que desarrollaría su propia disolución (sich auflöst). Por lo tanto es imposible edificar un proyecto socialista participativo, democrático y revolucionario bajo la brújula de un “estatismo asfixiante”. Es importante resaltar que el antiestatismo de Marx no tiene nada que ver con el pseudoantiestatismo neoliberal que no cuestiona al Estado como instrumento represor en el marco de un estrecho horizonte burgués.

La imposición del antidemocrático Poder Comunal bolivariano, no conlleva a la liquidación del capitalismo, ni a la construcción del socialismo, ni mucho menos un poder popular autónomo. Se trata de un fraude ideológico que dará vida a un régimen centralista, explotador, despótico y militarista.

Estamos en presencia de un proyecto reaccionario, que le rinde culto al Estado, que impulsa un Capitalismo de Estado (“burguesía de estado”), y que se apuntala en un militarismo-autoritario, todo en nombre de la revolución. Un falso socialismo que le confisca las aspiraciones de emancipación a los más humildes y a los trabajadores, que impone el terror frente a la diferencia ideológica, y que promueve un pensamiento domesticado y sumiso al poder.

La neoestadolatría bolivariana persigue encadenar y conculcar el sentimiento critico del individuo en lugar de desarrollar mayores espacios de libertad y liberación. Desean convertir al país en un enorme cuartel, establecer una dictadura encubierta, en vez de profundizar la democracia. La visión antiestatista del pensamiento marxista contrasta con la estadolatría impulsada por el socialfascismo bolivariano.